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Memoria viva de Villa México: un barrio que resiste al olvido

El sábado 25 de junio de 2022 se estrenó el docu-ficción “Memoria de Cerrillos” en la histórica Villa México.

Se trata de una película protagonizada por los mismos vecinos de la población y dirigida por Christian Pino.

El proyecto es ejecutado por la Fundación Ciudad Cultura con fondos culturales, e involucró a vecinas y vecinos en la producción y actuación de la cinta.

El estreno de película se realizó en la amplia y única sede vecinal, centro de esparcimiento y gimnasio, donde se reunieron vecinos que desde hace más de 50 años han acompañado el devenir de este lugar.

La llegada de los principales personajes de la comunidad fue puntual, encabezados por la señora Cecilia Foncea, presidenta de la Junta de Vecinos Villa México y una de las protagonistas de esta película.

Para Cecilia Foncea, los verdaderos héroes de esta historia son quienes arriesgaron sus vidas en favor de quienes más lo necesitaban. Y es que la Villa México guarda (y seguirá guardado) más de un secreto forjado durante los años más duros de resistencia contra la Dictadura.

Señora Cecilia Foncea exponiendo

Nada aquí fue fácil desde un comienzo. El mismo año que se entregaban las casas a los beneficiados a comienzos de los 70, comenzaron también las primeras tomas y las protestas.

Bien lo sabe Rosa Martínez, quien llegó a la villa en 1970, siendo funcionaria del Hospital San Borja. A sus 21 años recibió al dato de una acción que se realizaría con el objetivo de tomarse unas casas que estaban desocupadas a la espera de ser entregadas.

Junto a un grupo de mujeres organizaron un partido de fútbol femenino que debía comenzar a las 11:30 de la noche con el objetivo de distraer a los guardias que vigilaban la casas.

Después de dejar a su hija con sus padres y de una álgida pelea con su marido (quien se oponía a la acción), Rosa sabía que debía jugársela por esta oportunidad, por lo que se trasladó desde San Miguel hasta los terrenos de la futura Villa México.

Ya estando ahí, comenzó el partido de fútbol hasta cumplida la hora de la última ronda; momento cuando las mujeres accedieron a las casas, lastimando en el acto sus manos, ya que debieron romper los vidrios del acceso por el patio para poder entrar. El ruido alertó al administrador, quien, a su vez, llamó a Carabineros.

En medio de la noche, la fuerza pública se preparaba para un inminente desalojo, y las ocupantes en las casas esperaban lo peor.

La tensa espera fue interrumpida providencialmente por una voz en medio de la oscuridad: “Compañeros, tranquilos, no salgan, no se acerquen a las ventanas. Yo soy el secretario privado de la Señora Laura Allende y amigo personal de Salvador Allende, y me comunican que ella viene ahora para acá para a poyarlos”.

Y así fue. Fue la misma Laura Allende, diputada de la República y hermana del presidente, quien se apersonó para escoltar a las personas heridas al hospital y evitó el ingreso de la fuerza pública a las casas tomadas.

Eran tiempos vertiginosos en Chile, y la Villa México era una pequeña representación de cómo la legítima necesidad ponía a prueba la legalidad en muchos puntos y ámbitos de la vida.

Gracias al arrojo de cientos de jóvenes como Rosa, y la intercesión de Laura Allende, fue posible incorporar a más personas de las inicialmente incluidas en la nueva villa. 

“Nada de esto fue regalado”, eso sí (aseguran sus protagonistas), ya que las paracaidistas nocturnas una vez incorporadas al proyecto, pagaron sagradamente su dividendo, siendo este descontado de sus planillas en un porcentaje proporcional a su sueldo.

Días más tarde de esta toma express, fue asesinado el General René Schneider. Un hecho de sangre que nos ayuda entender el vertiginoso contexto por el que pasaba el Chile de los años setenta.

Villa México resiste

Laura Opazo de la Fundación Ciudad Cultura

Pero, antes de ser una de las poblaciones más emblemáticas del Poniente de Santiago, antes de las tomas, y las construcciones, y mucho antes del Golpe de Estado, la intersección del actual límite comunal de Cerrillos y Maipú constituía un fundo llamado Lo Toro.

Un fundo con lechería, chacras, no tan distinto al paisaje que aún es posible encontrar en el sector Rinconada de Maipú.

Marco Delgado llegó a ese fundo desde Penco cuando tenía 13 años, por allá por el año 1968. Es un hijo adoptivo de la Villa y, a pesar de que no vive dentro de los límites de la población, es servidor de la Parroquia de la Villa México junto a su esposa, Sonia Martínez; función que los llevó a compartir la dureza de la represión militar junto a la comunidad.

Son parte de los anillos más amplios de amistad que la Villa México extiende más allá de sus límites naturales.

Anillos forjados en medio de la solidaridad de los primeros años, y que se consolidaron durante los tiempos más oscuros de la Dictadura.

Todas estas historias forman parte de los relatos que exponen Marco, Cecilia y otros vecinos ilustres como don Guido Farías y Liliana Aranda, en la antesala del estreno de la película.

Historias de dolor, pero también de orgullo, entre otras cosas, por saberse uno de los puntos de resistencia frontal a Pinochet y refugio para cientos de personas que necesitaron una guarida para escapar del asesino brazo de los órganos de represión.

En medio de estos relatos, alguien mencionó al paso a “los tíos·: personas de paso que llegaban a casas de la villa, que se hospedaban sigilosamente durante días o semanas, y luego seguían su camino hacia otros refugios. Personas sin nombres, cuyas vidas fueron salvadas gracias a la valentía de muchos anfitriones de estas casas.

De vuelta al presente, y ya finalizados los testimonios, se hizo un reconocimiento a distintos vecinos del sector, entregándoles de manera simbólica una copia de un libro que consigna gran parte de sus experiencias vividas en la Villa México.

Don Marco Delgado

Luego de esto se apagaron las luces, y cada uno se abrigó como pudo, porque la actividad era bajo el techo de un gimnasio, único lugar donde podían estar todos en un mismo lugar y frente a una pantalla común.

De la película diremos poco, porque a nadie le gusta que le arruinen la sorpresa. Y porque no hay nada más entretenido que la expectativa de desconocer el recorrido para disfrutar del viaje.

Sólo diré que, como espectador, presencié una obra muy personal, de gran profundidad y silencios muy emotivos; una película donde el verdadero protagonista parecía ser el silencio, las ausencias: todo lo que no se dice y lo que no se ve.

Creo haber incluso notado cierto grado de compartimentación en la forma cómo se contaba la historia.

Algo nada de extraño para una película hecha por y para los vecinos de una villa que ha aguantado por 50 años el paso del tiempo, incluido el daño estructural que la bota que un dictador dejó caer sobre sus casas; golpes que, a pesar de su crudeza, no lograron vencer la humanidad que esa noche se respiraba.

La premiere terminó con aplausos cerrados, emociones, sentimientos encontrados y mucho agradecimiento entre pares y realizadores por un trabajo que se extendió por varios meses.

Una labor que involucró a artistas de la misma villa, como la joven promesa del canto, Valentina Compagnon, quien además de protagonizar la película, fue parte de los actos musicales de apertura del acto.

Al final, entre vinos navegados y recuerdos, estar presente en el estreno de una película tan íntima y tan real, fue un privilegio. 

Siento que la verdadera puesta en escena de esa noche fue la de una memoria que se resiste al olvido.

Solo resta decir: larga vida a la Villa México, sus moradores y su memoria en el tiempo.

Este reportaje es fruto de un trabajo riguroso y con muchas horas de dedicación. Su publicación fue posible gracias al apoyo de nuestros suscriptores y la convicción de que hacer buen periodismo es una forma de proteger la democracia en Chile.

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