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Karina Oliva y Claudio Orrego: cuando el corazón tiene razones que la razón no entiende

La próxima gobernadora o el próximo gobernador será la persona que, después del presidente, tendrá mayor poder político en Chile.

El cargo además es un adelanto de la campaña presidencial, donde miden fuerzas el bloque del Frente Amplio + el Partido Comunista con Karina Oliva versus las fuerzas de la ex Concertación que se han cuadrado con Claudio Orrego.

Por si esto no fuera poco, las figuras de Orrego y Oliva representan el choque de dos sociedades, de dos tradiciones políticas. Una relacionada con la elite y la otra con los nuevos partidos políticos post-concertación.

Claudio y los números, Karina y la emoción

Usando a Maipú como ejemplo, podríamos decir que Claudio Orrego cumple con un perfil muy similar al del actual alcalde por Maipú, Tomás Vodanovic.

Abogado de una prestigiosa universidad, conocedor de cifras y de familia acomodada. Claudio Orrego tiene conexiones empresariales y políticas al más alto nivel, y es mirado con buenos ojos por la derecha liberal.

En contraste, Karina Oliva, por su biografía y trayectoria, está mucho más cerca a una ex candidata como Viviana Delgado en Maipú o la alcaldesa Claudia Pizarro de la Pintana.

Incluso su slogan de campaña «Da la cara» en clave reggeaton, proyecta un claro sentir popular, que se aleja de la seriedad y tecnocracia de Orrego.

Quizás esto mismo hace tan difícil esta elección. Si el cargo de gobernador se eligiera por concurso público, Orrego gana en primera vuelta.

Orrego parece haber nacido para el cargo. Tiene la trayectoria, la experiencia, el conocimiento. Fue alcalde de Peñalolén, intendente metropolitano, es ciclista y tiene una estrecha relación con el mundo medioambiental.

Sin embargo, Chile cambió y hoy el cargo de Gobernador de la Región Metropolitana se elige democráticamente, voto a voto. Y en este escenario, las encuestas (las no pagadas por partidos) y el sentir popular parecen darle la ventaja a Karina.

Es parte de la liquidez de estas elecciones, donde la marca Democracia Cristiana está a la baja y, probablemente, cualquier candidatura fuera del establishment que compita contra Orrego tiene las de ganar.

Esto no significa quitarle méritos a Karina Oliva. Todo lo contrario, ella ha sabido capitalizar cada momento televisivo, cada cuña, sabiendo inteligentemente posicionar a Claudio Orrego como el candidato de los «30 años».

A esto se le suma sus propios atributos personales, que trasuntan empatía, amenidad y un destacable espíritu de competencia. Esto sin contar el apoyo de una marca al alza como es el Frente Amplio, y el candidato de la izquierda que lidera las encuestas, Daniel Jadue.

Karina Oliva tampoco miente cuando identifica a Claudio Orrego como representante de la política concertacionista en esta elección. Orrego es uno de los políticos más eficientes y destacados de este sector, y muy probablemente la persona más preparada para asumir el cargo.

Pero el ambiente político dejó de medirse racionalmente hace mucho rato. Hoy es la emoción la principal energía que mueve a los votantes, y en esto Karina Oliva lleva la delantera.

Un choque de biografías y contradicciones en las filas políticas

Poner frente a frente a Karina frente a Orrego es mirar dos países distintos: uno es descendiente de una clase política que ha gobernado Chile por años, mientras la otra es primera generación profesional, fundadora de un partido emergente de izquierda con tintes peronistas, cuya apariencia, hablar y biografía es mucho más cercano al 90% del ciudadano común.

Por todo esto y mucho más esta elección divide mentes y corazones, y es fácil imaginar a los sectores más liberales y tecnócratas del Frente Amplio o el Partido Liberal votando por Orrego.

Del mismo modo, los sectores más populares de la ex Concertación parecen sentirse naturalmente llamados a votar por Oliva.

Pero esta elección es de corazón y trinchera, y hay demasiado en juego para salirse de la fila. Se está jugando la cabeza de playa de la siguiente batalla: la presidencia de Chile.

Razones más, razones menos, esta elección se votará desde el sentir más emotivo de la ciudadanía, y el carnet de militancia en mano de los partidos políticos.

Aunque nunca sabremos en el silencio de la urna cuántos militantes cederán parte de su emoción para escuchar su razón y viceversa.

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