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En Memoria: Pedro Albornoz, el Maipucino

Conocí a don Pedro en la oficina que tenía del diario El Maipucino en Avenida Sur por allá por el 2014.

Yo era un joven con la inquietud de encontrar un lugar donde escribir mis crónicas, y él era un veterano agente comercial del diario La Época, ahora dueño de un medio local donde era amo y señor.

Fumaba como chino, y hablaba con la seguridad de estar acostumbrado a tener autoridad o al menos dar esa apariencia.

En su oficina tenía una fotografía enmarcada del Cardenal Silva Henríquez. Al igual que muchos maipucinos de esos años, Albornoz profesaba una filosofía de vida muy consciente de Maipú como cuna de la Patria, el catolicismo al alero del Templo Votivo y la política tanguera de terno y corbata.

En el epígrafe de El Maipucino esta cuestión quedaba retratada de cuerpo completo: «Maipú, cuna de héroes y hombres de honor».

Una especie de O’Higgianismo maipucino con sede en La Higuera, tradicional y ahora inexistente lugar de Maipú, donde tuve la oportunidad de celebrar junto al equipo del diario.

Confieso que trabajando a su lado, y luego de dejar su diario, hubo muchas cosas con las que estuve en desacuerdo. Una de las principales era la vieja tentación de escribir las noticias y al mismo tiempo ser quien las protagonizaba. Cuestión donde don Pedro estaba lejos de ser el único exponente.

Sin embargo, esas diferencias no son obstáculo para enumerar las cosas destacables en su trayectoria.

Lo primero es valorar su decisión de levantar un medio local de comunicación. Un tipo de empresa cuyo valor se mide en años de constancia e influencia pública, y que, en el caso de don Pedro, tuvo el doble mérito de haber mantenido una versión impresa por varios años a través del periódico El Maipucino.

Un rubro exigente lleno de atajos y trampas.

Quiero también destacar que, siempre que pudo, buscó la forma de contar con un equipo de primera liga. Por las oficinas de El Maipucino pasaron destacados profesionales como el fotógrafo Mario Téllez, y periodistas como Hernán Santander o Gabriel Angulo.

El Maipucino fue también una escuela para quienes llegamos con más ganas que pergaminos bajo el brazo. Nos permitió conocer un mundo del que luego algunos terminamos enamorándonos.

Sucede algo muy extraño con las personas cercanas que logran cierta notoriedad en una comuna. Siempre seremos más severos sobre sus actos, que con aquellos que detentan similares roles a otra escala. Las arrugas de ven mejor cuando miramos de más cerca.

El Maipucino y luego Revista Mi Gente retrataron el sello de una época, cuyo actuar en nada difieren del resto de la prensa local y nacional con todos sus defectos y virtudes. Su partida es una oportunidad para reflexionar en el apresurado juicio que se ha hecho de los 30 años de la democracia post-Pinochet. Muy especialmente de quienes fueron parte del engranaje político-social de esta desahuciada época, y que tan rápidamente se sacudieron de encima.

Agradezco la confianza que don Pedro Albornoz me entregó al permitirme hacer lo que más disfruto en la vida, que es escribir, y también de aventurarme en otras áreas como la edición web y explorar lo que más tarde sería mi oficio: las comunicaciones sociales.

El tiempo será el mejor juez de su trabajo como comunicador, político y emprendedor de nuestra comuna.

A través de su familia y amigos extiendo mis sinceras condolencias.

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