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El camino corto y el camino largo: la trampa de los extremos

Este domingo 21 de noviembre se desarrollarán las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales más importante de los últimos años. Se enfrentan dos modelos de sociedad; así como también, dos modos de hacer política. 

Por un lado, el camino corto, la solución fácil, es el extremo que representa una tesis identitaria en donde no existen matices, y si existen, solo buscan matizar mediante alguna ventaja electoral para recaudar más votos cuando así lo requiere el escenario político.

Lo que importa en este camino es hablarle a los convencidos, a los que vitorean cualquier acierto o error en las cifras, condescendientes con los errores y eufóricos con las victorias. 

Por otro lado, tenemos el camino largo.

La tesis de la transformación real y permanente que representa un programa de gobierno que busca hacer posible lo que se propone.

Como decían por ahí, “las palabras y las promesas se las lleva el viento”, y más aún en un escenario de cambio, de expectativas altas y de falta de confianza. Los “cantinfleos” y las altas expectativas pueden ser fatales para una transformación real en nuestro país.  

Pero el camino largo también busca la unidad más amplia, junto a santos y pecadores. En los últimos años, con la irrupción de nuevos movimientos y partidos políticos se ha utilizado mucho la tesis de los buenos y los malos, los corruptos y los incorruptibles, los pecadores y los puros.

Vemos que en realidad no existen buenos y malos, pues en política -el arte de hacer posible lo que se piensa y propone- se necesitan grandes acuerdos y capacidad de persuasión, para justamente cambiar nuestra realidad. Son muchos los antecedentes que hoy tenemos acerca de que los mismos que apuntaban con el dedo al del frente, hoy están enlodados por financiamiento ilegal de la política, altos sueldos en pago por trabajos en campañas políticas y malas prácticas dentro y fuera de sus partidos políticos. 

Este domingo se deciden los destinos del Nuevo Chile y es imprescindible que los jóvenes y los nuevos votantes entiendan su rol clave en esta elección; este domingo se decide quienes pasaran al balotaje de segunda vuelta. En esta elección no estamos eligiendo al más simpático, al mejor compañero o al más “buena onda”.

Este domingo elegimos quien conducirá al país en uno de los momentos tal vez más complejos de la historia de nuestro país.

Luego de una revuelta y un levantamiento social, una crisis sanitaria y una pandemia mundial, el o la próxima presidenta de Chile deberá enfrentar una crisis económica y social sin precedentes; donde los cambios urgen y la estabilidad y el orden político e institucional son demandas sentidas por los chilenos y chilenas.

Declaración de interés: Esta nota no ha sido pagada por un partido o candidato político, ni tampoco por una empresa privada. Nuestro compromiso como medio de comunicación es señalar con claridad cuando exista un interés comercial de por medio que sea necesario transparentar, como en el caso de los publireportajes.

En un mundo donde se castiga pensar distinto, apostamos por premiar la diferencia. Aceptamos ideas de todos los sectores políticos y sociales, sólo pedimos exigimos buenas argumentaciones y datos en mano. Envianos tu texto usando nuestro formulario de contacto aquí.

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